Equipo Multiprofesional

El cuidado como camino: cuando el amor, la compasión y la presencia nos transforman

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Loreto Grandón

Fonoaudióloga
Co-Fundadora Karuna

Desde los primeros años de nuestra existencia, cuidar ha sido el gesto que ha permitido sostener la vida, formar vínculos y desarrollar comunidades. En su forma más esencial, cuidar significa estar presente, procurar el bienestar del otro y también el propio. Y cuando ese cuidado se ofrece desde un lugar consciente y compasivo, se transforma en algo mucho más profundo que una acción: se vuelve una vía de transformación, tanto individual como colectiva.

Pero ¿qué pasa cuando cuidas a una persona autista? En ese camino, muchas veces silencioso e invisible, hay días de calma y otros de cansancio; momentos de luz, pero también de incertidumbre y miedo. En medio de todo ello, algo permanece: el deseo profundo de aliviar el sufrimiento de quien amamos. Ese anhelo, a veces tan simple como querer que tu hijo o hija duerma en paz o que tenga un día sin dolor, es una expresión poderosa de lo que somos como humanidad: la compasión.

La compasión, en su raíz más pura, no es un gesto heroico ni un consejo bienintencionado. Es una sabiduría profunda, una fuerza interior que surge cuando deseamos sinceramente que el otro esté libre de sufrimiento. Y en la experiencia de ser cuidador o cuidadora, esa compasión brota muchas veces sin que nos demos cuenta: en un gesto, en una palabra suave, en el esfuerzo que, aun cuando estés cansado o cansada, sigues estando. Es lo que sostiene cuando no hay respuestas. Es lo que nos recuerda que no estamos solos, ni tampoco rotos.

Cuidar puede ser exigente, sí. Pero también puede ser una fuente de revelación. Porque nos obliga a mirar la vida con otros ojos, a poner en pausa nuestras certezas, a rendirnos al presente y a transformarnos desde adentro. Y es en esa transformación donde la compasión, hacia ti y hacia quien acompañas, actúa como una fuerza silenciosa que suaviza el juicio, disuelve la culpa, alivia el agotamiento.

Cuidar con compasión no es cuidar perfecto. Es cuidar con presencia. Es estar ahí, con lo que hay. Y cuando lo haces desde ahí, todo se transforma: los gestos cotidianos se vuelven sagrados, el cansancio encuentra sentido, y el vínculo con el otro se vuelve más profundo y humano. Ser compasivo también es poder detenerse, respirar y decirte: estoy haciendo lo mejor que puedo. Es mirar con ternura tus propias fallas, tus dudas, y elegir seguir cuidando, no desde la exigencia, sino desde el amor.

Por eso, cuidar de ti no es egoísmo. Es también un acto de amor hacia quienes amas. Para poder sostener, primero hay que habitarse. Y eso ocurre en distintas dimensiones, todas profundamente entrelazadas con el bienestar emocional y la salud mental: escucharte con ternura, darte pausas, sostenerte en silencio. Entender que la vida se teje a través de los vínculos, y que cada uno de ellos puede ser una fuente de fuerza. Recordar tu propósito: preguntarte ¿por qué hago esto?, conectar con lo esencial, sentir que tu entrega tiene sentido.

Desde Karuna, creemos que cuidar también puede sanarte a ti. Que acompañar puede ser una práctica de transformación. Que el cuidado, cuando nace desde la compasión, puede abrir nuevas formas de estar contigo y con quienes amas. Ser cuidadora o cuidador no es un destino ni una etiqueta. Es un camino. Y ese camino puede ser más liviano, más consciente, más humano.

Por eso, te invitamos a hacer una pausa. Un pequeño gesto para ti. Un momento para respirar y recordar que tú también eres parte del cuidado.

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